El click vino en un hotel.
Llevaba meses evitando el plástico. Botella de acero inoxidable, filtros en casa. Pero cuando se terminaba el agua y no había dónde rellenar — el cine, el aeropuerto, cualquier sitio — la única opción era PET. O nada.
En el gym empecé a ver que no era el único con ese problema. Y busqué alternativas.
En EEUU existe Liquid Death — agua en aluminio, decenas de millones en ventas. En UK fracasó, pero entró CanoWater y se convirtió en líder. El mercado lo quería.
La imagen que me persiguió fue otra: un hotel boutique con experiencia impecable y agua genérica en PET en el minibar. Esa contradicción la vi después en clínicas privadas, en oficinas, en eventos.
En Canarias: nada. Solo PET importado desde 1.427 km, probablemente al sol en toda la travesía, en palés envueltos en más plástico.
Teníamos manantiales certificados a 40 km. La solución era obvia. LAT nació de esa pregunta: ¿por qué no existe aquí todavía?
LAT mejora cómo te perciben cuando la ofreces."